¿Socialismo “científico”?

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(Refutando a Stalin…)

Uff, mira que Marx dio en el clavo en muchísimas cosas (no voy a decir que en la mayoría porque no he tenido la oportunidad de leer su obra completa) pero a la hora de definir su teoría y dotar de inmunidad epistemológica a sus postulados se pasó tres pueblos.

Pero era algo propio de su época, eso de llamar a todo “científico” tiene un origen en señores como Dilthey o la célebre querella entre explicar y comprender. Yo creo que algo de culpa tiene Hegel en todo esto y, bueno, algo de ello comparte Marx (y don Engels). No digo que Marx no fuese hijo de su época, es decir, esto no es una crítica abierta hasta esta máquina demoledora del pensamiento clasista y profundamente injusto sino una crítica a la definición del socialismo, como él decía, como Lenin decía, como algunos marxistas que no han leído nada de literatura epistemológica en los últimos 150 años definían… socialismo científico.

¿Qué es eso de socialismo científico?

-Parte de la idea de que el motor de la historia es la lucha de clases. Pero no de su época histórica (primeras y segundas internacionales) sino de absolutamente TODA la historia. Este pensamiento historicista, que encuentra igualdades entre distintas épocas de la historia que ni de lejos las tienen (salvo haciendo muchos malabares) es criticada por Popper (no la droga) en “La miseria del historicismo”. Toma castaña, historicistas.

-Esa lucha de clases es la que genera cambios sociales, ¿principal o parcialmente? Principalmente. El motor, entonces, no es ni siquiera la clase dominante, sino el proletariado, que es la intrahistoria unamuniana, el motor causa sui tomista… yo es que veo en todo relación con todo, perdonadme el atrevimiento.

-Una manera de descargar responsabilidades ante otro tipo de socialismos no científicos: utópicos. Como nosotros, dice Marx, tenemos unas teorías basadas en la más que pura realidad social y económica de nuestro tiempo, entonces se sigue que nuestra respuesta ante estos problemas ha de ser científica, pues propone hipótesis tras la observación directa e imparcial (agarraos, que vienen curvas) y, además, va a llegar un momento en que este modelo que nosotros proponemos haga desaparecer la historia pues todo confluirá en un maravilloso fin de la historia donde desaparecerán las clases sociales, los trabajadores tendrán la propiedad privada de los medios de producción. Para que os hagáis una idea, esto es como si de repente un químico lograse dar una explicación a absolutamente todos los fenómenos de esas características y, de repente, tuviésemos que demoler la facultad de química por inútil.

Estaréis conmigo en ver aquí un germen del inmovilismo que yo creo que está asolando el pensamiento crítico de muchas personas de izquierda, leídas, valiosas, librepensadoras, ateas y todo lo que quieras. No se puede criticar abiertamente un sistema neoliberal, capitalista, con características posmodernistas y sombras de un fascismo que ni de lejos había sido teorizado por los marxistas de finales de siglo (¡XIX!).

Antes de venirme al siglo en que vivimos voy a tratar de romper una lanza a favor de Marx porque me está recordando esto a algún artículo en Xataka Ciencia donde el articulista que monopoliza la línea editorial (Sergio Parra) habla de Aristóteles como de una rémora para la ciencia. Qué culpa tendría el pobre Aristóteles de no tener acceso a los anales de las revistas científicas actuales y de desconocer la física de Newton -por poner un ejemplo-.

No voy a caer en el argumento imbécil (sin báculo, es decir, insostenible) típico de Intereconomía y decir que Marx fue un asesino en potencia (y en acto) de cientos de millones de personas ni a decir que cómo no había sido capaz de entender que el cientificismo estaba comenzando a entrar por la puerta grande (y casi casi para quedarse) de todas las ciencias sociales.

Sólo critico el argumento, no a la persona. Y, desde luego, no a todos sus argumentos, pues yo me considero marxista (socialista) en bastantes aspectos de mi ideología pero, como diría aquel, “soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad”.

Y ya que, como dice Lenin, la verdad es revolucionaria (cabría preguntar al amigo Vladimir, ¿qué verdad?), prefiero atenerme a lo que sé ahora que ocurre cuando aplicamos el palabro “científico” a formas de conocimiento que, ni de lejos, lo son.

Problemas del cientificismo (en política):

-Si una ciencia como la sociología dice que es científico que todos los seres humanos compitan entre ellos, entonces juzgaré como normal, NATURALIZARÉ, la desigualdad entre personas incapaces de competir contra el pez más gordo.

-Si el método de las ciencias naturales es extrapolable al de las sociales entonces todo aspecto especulativo sin base en la naturaleza o en hechos previamente acontecidos ha de ser desechado por utópico (pensemos que Marx habla de socialismo científico en claro encuentro con el socialismo utópico de otros pensadores). Una cosa os digo: ojalá Platón no hubiese sido tan utópico, nos hubiésemos librado de contemplar la destrucción que la puesta en marcha de sus ideas ha traído a toda la sociedad occidental a través del cristianismo. ¡Cuánto daño hacen las utopías y qué útiles son a veces! Que algo sea utópico no significa que sea bueno o malo (esto es un juicio moral) ni aplicable o no aplicable.

-El término “científico” blinda cualquier teoría antes de que esta salga a la calle. Ese chaleco antibalas tiene un prestigio tal que su puesta en cuestión es vista como un indicio de charlatanería o de discurso que se sale de lo establecido como racional. Entonces, toda la política, ¿tiene que estar basada en lo racional?

La política no es reducible a la ciencia natural puesto que la potencia explicativa de esta, en cualquiera de sus variantes, es incapaz de dar razón de los acontecimientos sociopolíticos que nos circundan día a día.
Así, el socialismo científico parte de una premisa equivocada.
Esto no quiere decir que el socialismo en sus concrecciones (anarquismo, marxismo-leninismo, etc) sea un conjunto de teorías a despreciar, tan “solo” habrá de ser replanteado, desde luego, sin caer en apellidos fundamentados en ideologías cientificistas.

Suficiente tenemos con los escépticos (de garrafón) españoles.

Un saludo.

Fran Riveira

En Zaragoza, 12 de diciembre de 2013.

PD: Dedico este post a Iván. Espero que te sea de provecho.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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