Sucedáneos

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Me hago una autocrítica cuando defiendo a capa y espada la mayoría de los avances tecnológicos. No todos son éticamente válidos pero antes de validar algo éticamente tenemos que disponer de una ética. Nadie tiene una ética bien dispuesta, sólo tienen sentido común. Creo que el sentido común accede a los problemas morales de una manera más bien intuitiva que meditada así que no me parece un método correcto para opinar sobre absolutamente nada. Por eso hablo de que las políticas del sentido común me parecen un timo no sólo político sino también intelectual.
Así que parece actuar una suerte de ética del sentido común cuando surgen voces contrarias a determinados avances científicos. Hoy me voy a referir a los sucedáneos. Sí que vivimos entre sucedáneos. La ciudad misma es un sucedáneo de lo rural: todo es rápido y, por tanto, menos auténtico; todo sabe peor porque los productos frescos han de atravesar mayores distancias y, por tanto, tienen que introducirse en cámaras frigoríficas, tienen que recibir pesticidas, etc. La tecnología que usamos nos aleja de las tareas mecánicas: ya no pasamos hojas (a mí casi se me ha olvidado), no sabemos cómo huele el papel, no sabemos cómo escribir con un bolígrafo y nos es difícil hacer cálculos si no es con un móvil o a través del buscador de Google (que sirve también como calculadora). 
En fin, yo, que soy de los que suelen apoyar todo esto, soy también consciente de que estamos convirtiendo nuestra existencia en un sucedáneo. Los únicos lugares a los que esta apabullante tecnología no llega del todo son el arte y algunas relaciones interpersonales que bajo ningún concepto podrían ni deberían ser reducidas al mundo virtual.
Están luego las clases virtuales. Yo quiero ser profesor y me gustaría poder hablar a la gente cara a cara, pero también sé que hay gente que no tiene dinero, o tiempo, o está enferma un día y necesita escuchar la clase dos semanas más tarde… ¿por qué no grabarme y subir las clases a iVoox? ¡Pero, al mismo tiempo, quiero que haya interacción en tiempo real, no sólo por Twitter sino de forma hablada, cara a cara!
Hay un cortocircuito entre ambos mundos y la tendencia va hacia la solución de ese cambio de paradigma. Llegará un momento en que las pantallas nos parecerán cosas del pasado, que escribir para buscar información será una tarea ridícula, al igual que para muchos de nosotros es ridículo buscar en una biblioteca información sobre un asunto. ¡Los libros han caducado, hay muchas cosas que no sirven! Y yo no pienso así (al menos no del todo), yo pienso que lo antiguo tiene un valor, un valor histórico. Que las tareas manuales, que jugar al ajedrez moviendo fichas con tus propias manos… tiene algo de romántico. Que las pantallas nos hacen entender el mundo de una manera 2d, de una manera plana, desapasionada y obtusa. Y la percepción sobre la realidad ya está pasando a lo demás.
Yo vivo en Turquía, ya puedo decir que soy habitante de un país que no es el mío, y una de las cosas que me llamaron la atención de este país fue ver cómo lo rural convivía con lo propio de las grandes ciudades, lo urbanita, lo sofisticado… que había cabras al lado del metrobús de Turquía, que había señores asando castañas al lado de un anuncio del nuevo LG G3, que había cantantes de temas típicos de Siria mientras que, a pocos metros, en una discoteca ponían el nuevo éxito de Lady Gaga. Estos mundos convivían, y en esta ciudad siguen conviviendo, pero el mundo va cambiando poco a poco. Hacía tiempo me preocupaba la posibilidad de no tener acceso a Internet EN CUALQUIER MOMENTO, temía que, en Turquía por ejemplo, no hubiese Internet Móvil… pues bien, ahora en la India lo hay, en la mayoría de África (salvo territorios baldíos, desérticos)… el mundo ya es de Internet Móvil, y yo no necesito más, es la nueva electricidad. Pero eso está haciendo que la gente ya no sea como antes, estoy seguro. Llevo utilizando Internet en el móvil desde hace unos 8 años y ya era yo el raro “que usaba Internet todo el día”. Ahora es ya todo el mundo el que usa Internet las 24 horas y son incapaces de usarlo sin que eso afecte a sus relaciones, son ellos los que ven el doble check del WhatsApp y se preocupan porque sus mensajes no son contestados, son ellos los que se hacen una autofoto mañana, tarde y noche y los que la suben para alimentar su ego a base de likes… el antiguo Tuenti ahora se ha vuelto móvil, y en España es Instagram… el antiguo fotolog, o los comentarios basura en foros cutres, son ahora mensajitos en Twitter, que siempre hablan de lo mismo. Es el pensamiento unificado, las mentes a las que la tecnología no ha sabido potenciar sino todo lo contrario: sumir en un abotagamiento total, en una pérdida de interés por lo mediato.
En Estambul, Turquía. 
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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