¿Tienes más poder que nunca? – Crítica al activismo de sofá de Change.org

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Recibir este correo (imagen arriba) fue la gota que colmó el vaso. Hasta entonces había asistido al fenómeno de Actuable con algo de desconfianza. Por crecer decidieron integrarse en Change, una plataforma con los mismos objetivos pero con muchas más personas dentro de ella. 
Change.org consiste en publicar campañas en las que se critica o denuncia una irregularidad, injusticia o inmoralidad para que sean votadas por la gente. Cuando la gente participa se supone que está firmando con sus datos personales y ese mensaje en que consistía la campaña se envía a las autoridades competentes o al organismo o institución criticado. Se supone que este tipo de campañas 2.0. buscan petar los servidores de aquello que critican. Si no, no me explico qué otro sentido puede tener.
Quizás piensen que el activismo 2.0. tiene su efecto en la política real. Pues bien, ni siquiera el activismo 1.0. (el que ocurre en la realidad no virtual) tiene grandes efectos en comparación con los que de verdad tienen poder (los bien conocidos poderes económicos internacionales, por ejemplo). El efecto de una campaña 1.0. con respecto a esas políticas o decisiones de entidades privadas no es apenas visible. Por tanto, ¿cuán menor visibilidad tendrá el realizado a través de Internet?
El asunto es que cada vez pasamos más tiempo conectados (y yo el primero, ojo). Nos sentimos mejor participando en las campañas online y se nos hace el culo agua de limón criticando por Twitter absolutamente todo. El efecto político de todo eso es menor que el lloriqueo de un niño. Es una pataleta cuyo valor, si es que tiene alguno, es el de desahogarse. Así que Twitter, más que una herramienta política, es una herramienta de desahogo, de exposición de opiniones no contrastadas y con despreciable peso por lo poco meditadas y soportadas que están. Twitter no es una buena herramienta política.
Estamos a vueltas con las herramientas políticas. Podemos se mete en Reddit y parece que es la revolución hecha partido. El Partido X comenzó así, con una ideología que brillaba por su ausencia y muchos adornos bonitos que, tras ellos, dejaban ver la supina incapacidad política de sus propuestas. Decir que se quiere “democracia y punto” es lo mismo que decir nada. Decir, por otro lado, que queremos una democracia 2.0. donde todos podamos votar cualquier cosa que ocurra es no conocer bien nuestra historia ni haber reflexionado un mínimo sobre qué entendemos por democracia.
Las redes sociales pueden servir para exponer pensamientos puntuales o resúmenes de reflexiones anteriores. Pero las imágenes de bellos paisajes con frasecitas por encima me parecen el colmo de la estulticia y pereza intelectual. ¿Puede un sorbo de café combatir toda una noche de insomnio? Pues lo mismo acontece con ese tipo de contenido.
Recibí, como decía, ese correo. Fue el último correo que recibí por parte de Change.org pues al día siguiente me desuscribí. Sigo viendo alarmado cómo hay personas que siguen creyéndose poderosas (o empoderadas, como está ahora de moda decir) porque una herramienta online les da la posibilidad de hacer más política que antes. 
Reconozco que hay muchas formas de hacer política y que no haría bien en despreciar ninguna. Sin embargo, sí que desprecio todo aquello que nos haga evitar un pensamiento más continuado y profundo sobre la realidad que nos circunda. Quiero evitar a toda costa las fórmulas facilonas que nos prometen un poder que no tenemos y que quizá nunca tengamos.
Seamos un poco serios, si ya es difícil cambiar el mundo en la calle o desde los puestos de poder, ¿cómo podemos conservar la idea de que desde el sillón de nuestra casa cambiaremos el mundo?
24 de agosto de 2014
En Logroño, España.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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