Transformación estética de Pablo Iglesias

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Fotografía extraída de AQUÍ

Todos los marxistas aman a Marx. Eso es lo malo de considerarse marxista, una palabra con una tradición tan marcada y tan profundamente denostada. Yo os voy a contar lo que ha hecho Podemos con estas palabras (como os dije ayer) y cómo ha conseguido engañar a un margen bastante amplio de población, como dicen ellos, ávidos de esperanza y de ilusión por la política. De momento, corregidme si me equivoco, no se ha hecho mucho más salvo lo que es preciso de cara a la galería: consideración de las propuestas, reajustes en los círculos de manera interna… Son estos círculos trasuntos de las asambleas del 15-m. Corregidme también aquí si me equivoco.
También sé que yo soy el enésimo tontolaba que se pone a hablar de Podemos puesto que es la moda. Como sabéis, no me gusta hablar de las historias que están de moda, siempre digo lo mismo. Me gustaría más hablar de León Tolstoi hoy que de Pablo Iglesias pero, sin embargo, voy a hablar de él.

He tenido mucha simpatía desde que comencé la universidad tanto a Pablo Iglesias como a Monedero y a su programa La Tuerka. Luego metieron ese humor un poco pesado y monótono del de rizos y una sección de una chica feminista… al final lo que he acabado por ver en YouTube han sido tan solo esos sketches y a la sección feminista (me gusta ver cómo rabian los machirulos en los comentarios, me gusta verme a mí cómo rabio cuando se tocan y se ponen en duda mis privilegios por tan solo haber nacido con pene). Pero sus programas ya no los veo, son demasiado largos y demasiado seguidos como para llevar una actividad diaria con ellos, ni siquiera escucho los speechs iniciales de Monedero, que tan chulos y acertados me parecían.

Hay algo que no perdonaré a estos presentadores (y, sobre todo, al tal Facu Díaz, el de la sección de humor): la cadencia del habla. Lo he criticado ya en varias ocasiones pero me pone del hígado (y sé que es una cuestión estética -este es un post sobre estética y apenas sobre política, ¡PRIMER AVISO!-) esas pausas tan poco naturales, tan marcadas artificialmente y tan boba-li…-conas. Haceos la idea de que hablan como he escrito “bobaliconas”… pausas… sin… sentido.

Venga, vamos con lo interesante (a mi juicio).

Podemos y Venezuela.
Podemos y el terrorismo.

Pienso igual que Pablo Iglesias con respecto a ambos temas. Hay aspectos en los que un marxista y un anarquista podemos llegar a coincidir y he de reconocer que con Pablo Iglesias coincido en más de aquello en lo que choco. En lo que choco no es nada rebuscado y no choco, desde luego, por aquellos motivos por los que está chocando en todas partes y en todos los canales (no solo de televisión, sino de YouTube o de las redes sociales -¿periódicos, decís? ¿Pero alguien sigue leyendo periódicos hoy en día? Siglo XXI llamando).

Digo que pienso igual que él pero la intención fundamental de este post es desvelar su postura estética. Se ha dado cuenta de que, como marxista viejo, no se va a comer un colín en el terreno político que, más que terreno, podríamos decir que es un escaparate, una galería en la que se vota al mejor postor, al más atractivo, al  más convincente… al mejor creador de conceptos. El aspecto desaliñado y humilde de Pablo Iglesias es algo atractivo y propio de él que, además, va a ser su bandera a lo largo del resto de su vida. Creo que Pablo Iglesias va a morirse habiendo sido bastante más fiel a sí mismo que cualquier psoeista (jamás llamaría socialista a un petardo del PSOE) y eso es porque ha creado un concepto de hacer política algo innovador. Pero tampoco quiero ser abogado del diablo ya que al final, como decimos los anarquistas, mucho innovar para seguir siendo la misma mona de mierda.

¡Qué idea tan bonita la de los círculos! Y, ¿por qué no círculos autosuficientes, como ya dije hace algunos posts? Círculos que no dependan de cúpulas. Esas cúpulas son exigidas por el escaparate y por eso ahí está Pablo Iglesias, por eso esa necesidad de la personalidad en la política… se vota no a ideas sino a personalidades. ¿Qué os voy a contar que no sepáis?

Lo que quizá no sepáis es que Pablo Iglesias, por supuesto, está muy estrechamente asociado a la Revolución Bolivariana, de la cual yo soy en buena parte simpatizante. Entonces, ¿por qué le critico? Me gustaría que me vieseis ahora no como un asturiano del 91 sino como un venezolano del 70, militar, simpatizante de Chávez, que ha crecido con él y ha realizado su vida en torno a conceptos como “Revolución bolivariana” o “Socialismo del siglo XXI”. Yo me sentiría timado por Pablo Iglesias. No hay ninguna vergüenza, ninguna necesidad (en lo profundo, apoyando la verdad), de ir dando bandazos y rechazando las insinuaciones que dictaminan una cooperación con el “Régimen” venezolano. En vez de esquivar esas bombas hay que asumir que uno está profundamente implicado en esa revolución bolivariana y que cree que muchas de sus propuestas (por no decir todas) están hechas para el bien de las personas más pobres y necesitadas. Pero a nadie se le escapa -si escarba un poquito- la campaña mundial de desprestigio a los países y mandatarios latinoamericanos que luchan con uñas y dientes contra el neocolonialismo estadounidense, etc. A nadie se le escapa, ni mucho menos a Pablo Iglesias. También es difícil escuchar hoy en día a Pablo Iglesias asumir que su discurso es un marxismo cuyos términos se han cambiado por otros más simpáticos y cargados de metáforas del tipo “ciudadanía” o “casta”, que son metáforas bastante bobaliconas y neutrales, que no explican nada pero que dan la sensación de dictaminar sentencias exhaustivas sobre temas complejísimos.

¿Por qué lo ha hecho así? Porque lo necesita, porque ha decidido vender su alma al diablo. Ha decidido disfrazarse con una estética diferente y algo original pero que no es otra cosa que un picadillo del marxismo, del 15-m, y de sus propias intuiciones y de las intuiciones de esos movimientos sociales “ciudadanos”.

Así que no veréis, creo yo, a Pablo Iglesias apoyar directamente al gobierno de Maduro ya que eso es sinónimo de perder votos.
Tampoco veréis (perdonad, pero de este tema no he hablado mucho) un apoyo a los presos de ETA o una crítica profunda a asociaciones irracionales como la AVT. Esas críticas se pueden hacer desde la cátedra (ya, igual, ni desde ella) o desde blogs como este, secundarios y totalmente olvidados… o desde programas piratas de la radio, o desde asociaciones anarquistas que son, para mí, las que mejor han definido siempre los problemas del mundo y las que menos se han vendido.

¿Qué problema hay en no venderse? Que a veces eso nos impide salir y demostrar que nuestras ideas, por ser más ciertas, tienen mucho más valor que esos granizados del hielo ciudadanista y democrático mentirosos. ¿Qué problema hay al venderse? Justo el contrario, que por alejarse de esa verdad y por construir una verdad a medias, se está perdiendo de vista el verdadero problema de esta sociedad capitalista de la subsunción real (entre otras definiciones…).

Se une lo viejo y lo nuevo. Ya estos temas están requetemanidos.
He querido, con este post, apuntar algunas ideas sobre la postura estética del revolucionario convertido en perrito doméstico que, por un lado, lame la mano del nuevo dueño y, por el otro, se caga en sus alfombras.

Un saludo.

Fran Riveira.

En Logroño, 6 de julio de 2014.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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