Tras mi primera semana en Estambul

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Escucho un traqueteo de dados. Son de una Búlgara y su amigo con el Backgamon Tavla, un juego de mesa típico en Turquía. Escucho también, a través de la ventana abierta, la música turca del vecino de enfrente. Son canciones con instrumentaciones parecidas, quejidos que me recuerdan a los gitanos, aunque aquí la pasión “gitana” y el fervor religioso se comparten a partes iguales.

El rumor de los coches que pasan por la autopista que une sobreel barrio de Mecidiyeköy y Besiktas, Europa y Asia, se mantiene a lo largo de todo el día y noche.
Los aviones salen y llegan constantemente al aeropuerto de Atatürk, aunque los que yo puedo ver son los que efectúan su salida. Cola roja: Turkish Airlines. Me encantan pero no los veo de cerca. Me basta con oírlos. Tengo aquí mucho más de lo que podría pedir en Zaragoza.

Al otro lado de este piso (el último en un bloque de apartamentos de seis plantas) tenemos vistas directas a la parte noreste de Estambul, llena de edificios de oficinas, rascacielos gigantes con iluminaciones distintas cada uno. Uno de ellos, aun siendo las once de la noche, tiene las luces encendidas porque también por la noche hay trabajadores. Quizá en unos meses esté acabado.

Los compañeros son todos extranjeros y he podido practicar inglés e italiano. Si supiese un poco más de alemán aprovecharía y hablaría con una chica alemana pero… ¿qué le vamos a hacer?

Mi voluntad de aprender turco sigue en pie. Hoy ya he hecho el esfuerzo (inútil) de dejar a un turco que me hablase en su idioma. La anécdota es la siguiente y tiene mucho que ver con el seguro médico:

– Ayer fuimos a Mapfre Sigorta, en la zona de Osmanbey (cerca de la estación de metro homónima). Entramos a la entreplanta del edificio y nos atendió un señor mayor que enseguida nos ofreció un té. Yo andaba un poco revuelto y le dije que no, aunque sé que es de mala educación rechazar lo que te ofrecen. Otra cosa no, pero los turcos son muy hospitalarios. Lo que siguió a la primera conversación con él (sabía algo de inglés) fue desesperación tras desesperación. Queríamos un seguro médico para todo el año de modo que pudiésemos pedir el permiso de residencia. Una de las condiciones para recibir el permiso de residencia es, como digo, este seguro médico. El seguro médico tiene que estar traducido al turco para que así las autoridades turcas lo puedan entender y confirmar que todo está en orden. El problema que esto supone a, por ejemplo, estadounidenses con su seguro internacional ya comprado, es bastante importante.
Ahí nos encontrábamos y el turco comenzó a llamar por teléfono a varias personas. Conforme iba hablando con ellas me las iba pasando y yo no entendía nada. Era un inglés tan macarrónico e incomprensible que era imposible seguir al teléfono. Al final, tras decir “OK, no problem, no problem, thank you and bye”, colgaba y me quedaba mirando al pobre hombre que con toda su buena intención me había pasado con alguien que hablase mejor inglés. Y bueno, el hombre decidió cortar por lo sano y llevarnos personalmente a una oficina como a un cuarto de hora de la suya. Caminamos detrás de este hombre todo el recorrido y su manera de desenvolverse era sorprendente. Pasaba por en medio de la carretera parando con su mano a los taxis para que no nos arrollasen. Increíble.

Subimos a un edificio y enseguida nos ofrecieron te. En estas oficinas todo el pasillo estaba repleto de titulaciones y de certificados. Estuvimos ahí todo el rato hasta que nos ofreció un seguro, por unos 235€, para todo el año. Creo que no hay otra posibilidad (sólo hay seguros para un año entero).

Una foto de un Atatürk elegantísimo nos contemplaba desde la pared.
Decidimos volver otro día porque la información del seguro estaba toda en turco.

Al día siguiente volvimos con nuestros compañeros italianos. Ellos también quería el seguro. Al llegar a la misma oficina, la persona que nos atendió el día anterior, nos dijo que teníamos que ir a la Oficina de Impuestos para pedir nuestro “Tax Number”. Esta gestión es gratuita y, según ellos, es necesario para sacar el seguro.

Aquí os doy un consejo a todos los que vayáis a Turquía a hacer gestiones y a entendéroslas con la burocracia: no os fiéis de las indicaciones de Google Maps. Nos ha ocurrido bastantes veces que el móvil en Google Maps indicase la situación de un comercio o de un edificio institucional en un lugar y que, en realidad, estuviese a varios kilómetros de ahí. La forma de localizar los locales en este país es bastante diferente a la que tenemos en España (Calle y número). Aquí se localizan teniendo en cuenta las dos calles que se cruzan (manzanas) y alguna cosa más que quizá no he llegado a comprender. Bing, para mi sorpresa, ha sabido localizar mejor los locales que nos interesaban que el propio Google Maps. Pero, ante la duda, buscad en las webs de los lugares en qué sitio están de verdad y luego ubicadlo vosotros mismos en el mapa que más os guste (virtual o no).

Nos dijeron que fuésemos al edificio de la Oficina de Impuestos y el Google Maps nos llevó a un barrio de clase media-alta residencial (todo chalets). Llegamos a una esquina donde dos señores nos dijeron que la casa de impuestos no estaba ahí sino que estaba como a 40 minutos. Todo esto en perfecto turco. Muy amablemente, llamaron a una casa cercana y bajó un hombre de mediana edad que hablaba bien inglés a decirnos que estábamos bien lejos del sitio al que debíamos ir. Así fue. Luego comprobé en el móvil que el lugar estaba bastante más lejos de ahí y bastante más cerca de las oficinas del seguro, por lo que nuestro paseo había sido en balde.

Una vez en el edificio correcto, la gestión no duró más de 10 minutos y fue gratuita. Eso sí, tuvimos que dar tanto nuestra dirección turca como nuestro teléfono móvil turco, por lo cual, si no lo teneis aún, nos os aconsejo comenzar la gestión del seguro de saluld.

Mañana es el día de registro en la Universidad y, por tanto, el día en que conoceremos a nuestros compañeros de Erasmus.

Hasta entonces,

¡gracias por leer y un saludo!

Francisco Riveira
En Estambul, Turquía.

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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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