Tres contratenores: René Jacobs, Philippe Jaroussky y David Daniels

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Las tres voces que hoy os presento son de algunos de los contratenores famosos del siglo XX. El más joven de ellos, el francés P. Jaroussky, aún sigue dando guerra con recitales por todo el mundo, al igual que David Daniels, doce años más mayor. Sin embargo, René Jacobs ha conducido sus pasos a la dirección orquestal dentro de la cual ha aplicado muchos de sus conocimientos adquiridos tras años como cantante lírico.
Estas tres voces están, a mi gusto, entre el top five de los líricos contratenores en la actualidad. No hace falta más que entrar en YouTube y contemplar sus actuaciones en las óperas más diversas (en su mayoría barrocas que, como todos sabemos, hacían un uso en ocasiones exagerado de castrati -hubo una época en que las mujeres tenían vedada la participación en este tipo de espectáculos-).
Desde hace años me interesa especialmente la música barroca, no en vano, mi instrumento favorito es el clavicémbalo. El clavicémbalo, con su sonido más cortante, producto de la cuerda pulsada, es una mezcla apasionante entre piano y guitarra que nos transporta instantáneamente a siglos pasados donde las preocupaciones eran diferentes y la vivencia de la música era, desde luego, radicalmente opuesta a la que hoy estamos acostumbrados (incluso en música clásica).
En cuanto conocí el fenómeno del contratenor me sentí atraído por él. Aunque pueda parecer chistoso, los Bee Gees fueron mi entrada a este nuevo mundo de canciones con voces agudas y muy poco “naturales”. Ya sólo por la dificultad añadida a cantar de manera aguda siendo un hombre merecía la pena dedicar tiempo a ello. Así, comencé hace 6 años a intentar imitarlos con no muy buenos resultados.
La utilización de las voces agudas en la ópera es, de alguna manera, muy parecida a la que utilizan los cantantes de heavy metal o los mismos Bee Gees. Todos ellos utilizan una voz de cabeza, falsete, o voz proyectada desde el pecho (o diafragma). La voz de cabeza y, especialmente, el falsete, requieren una cantidad de aire mucho mayor que la que necesitaría la ejecución de voces graves. Podéis probar vosotros mismos a hacerlo y os daréis cuenta de que, hablando agudo, os cansáis antes y necesitáis respirar más veces que con una voz grave. 
Como digo, esos tres tipos de voces son comunes en rock, heavy y, en ocasiones, en el pop (los Bee Gees, Modern Talking, Mika…). El contratenor operístico se define principalmente por la ausencia de rasgado vocal y su amplio conocimiento del melisma. Por poner ejemplos del barroco, en la ópera Rinaldo el melisma es usado de una manera casi mareante en la mayoría de las arias y duetos. Me dejo la respiración, cosa importantísima. El cantante contratenor de música clásica ha de aprender a respirar bien para poder actuar al mismo tiempo que canta. La exigencia que este tipo de interpretaciones pide al cantante es difícil de describir con palabras.
Respecto a la misma obra, Rinaldo, encontramos a tres intérpretes fabulosos que, casi siempre, hacen el papel del protagonista.
Os voy a poner un vídeo de  la misma canción interpretada por dos de ellos, no voy a comentar mucho más allá de lo obvio tras escuchar las grabaciones. El virtuosismo de René Jacobs llama la atención sobre David y Philippe, pero la fuerza que transmite David en el escenario no es, a mi parecer, ni de lejos alcanzada por los otros. Philippe, con una voz más aguda y bien proyectada, es capaz de hacer garabatos melismáticos y gorgoritos con una coloratura que bastantes sopranos envidiarían.
Así, los tres tienen sus puntos débiles y sus fortalezas. Lo que es, sin duda, digno de admirar es cómo, a finales del siglo XX y comienzos del XXI una forma de cantar que había sido abandonada a lo largo de todo el siglo XIX, ha resurgido con inusitada fuerza.
Yo pronostico un futuro prometedor a los cantantes que sigan este camino.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Zaragoza, 1 de mayo de 2014.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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