Tu cuerpo no es tuyo, tu cuerpo eres tú

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Hoy quiero dar un breve apunte sobre antropología.
Va a ser tan breve y básico que hasta me da vergüenza. Pero es que el 95% de la población aún no lo tiene claro, incluso dentro de la población feminista.
Hay una dualidad mentirosa producto de antropologías platónicas y sus producciones de andar por casa (como el cristianismo): el cuerpo y el alma. Esto se aprende en primero de bachillerato pero parece que no se le da muchas más vueltas.
A veces esa dualidad da paso a otra realidad que conforma una “triple entente” demencial: espíritu, cuerpo y alma. 
Las ideologías platónicas (e incluyo las hegelianas y todo lo que de ellas se ha extraído -nada bueno…-) han tenido éxito siempre que se han asociado a un poder o a un grupo de poderosos que las han impuesto como ciertas. ¿Por qué es necesario imponer una ideología del trasmundo inventado? Porque, aun siendo una ideología antiintuitiva, sirve a numerosos intereses. ¿Quién, a través de sus sentidos, es capaz de postular la existencia de un espíritu o de un alma? Sólo un cerebro perturbado se atreve a asentar su vida sobre unos prejuicios de tal índole. Ese cerebro perturbado es el que mantiene el Vaticano en pie y, por mucho que se diga otra cosa, todo papa que pise el Vaticano, mientras que no quiera “destruirlo por dentro”, no va a hacer más que postergar la eliminación total y absoluta de la religión cristiana de la faz de la tierra. Por tanto el papa, lejos de ser venerado como campechano por medios de comunicación y por ateos de esos que leen el Hola y ven Sálvame (ateos de la salsa rosa), tiene que ser expulsado del debate público.
Las confesiones privadas, como tales, tienen que ser relegadas a la esfera privada. Todos conocemos numerosos ejemplos de qué sucede cuando instauramos una teocracia.
Pero tampoco quiero criticar, con esto, la religión. La religión no me molesta. Quizá el papa y algunos de sus acólitos y servidores empeoran la salud mental, pero tampoco es que sean un veneno habitual en muchas de nuestras vidas.
Lo que sí que quiero apuntar con este post es que hay pensamientos cristianos que se han colado de lleno en el discurso, por ejemplo, feminista. ¿Y qué hace un hombre criticando el feminismo? Pues lo mismo que un marxista re-elaborando y reactualizando a Marx, puesto que un marxista tiene que ver con más gente que con el propio Marx (hay una distinción: marxianista -sobre el propio Marx-, marxista -sobre el marxismo en sentido general-). Quiero decir que también el marxismo (como el feminismo) tiene reminiscencias platónicas.
Pero si lo critico, lo hago dentro de él, y a un aspecto muy particular, que es un aspecto casi estético, puntual y panfletario. Pero ya sabéis qué opino de los panfletos y de los memes: de ellos se extraen, casi sin quererlo, refuerzos de ideologías sobre el cuerpo que no hacen ningún favor a la mujer.
Mi cuerpo es mío (sic):
La actitud de las feministas ante los que quieren impedir su derecho a abortar es, en parte, equivocada.
Más que derecho hablo de realidad, pues hablar de derecho a abortar es como hablar del derecho a ovular, toda mujer aborta fetos, aunque sea a través de mecanismos biológicos totalmente impredecibles e incontrolables, por pura sanidad y economía del organismo.
Perdemos instantáneamente el debate al traspasarlo al campo del derecho. El derecho es algo muy voluble, inexacto y tendencioso. Cuando una ley se aprueba estate seguro de que ha sido fruto de una convención y no de una respuesta directa a una realidad comprobable empíricamente. Si la mujer (o cualquier persona en inferioridad de condiciones con respecto a los varones blancos, europeos y heterosexuales) exige tener derecho a abortar está delegando en instancias estatales superiores (y de otro orden distinto) su dignidad. 
Como tampoco me gusta el palabro dignidad (marcadamente cristiano) lo voy a desechar.
El derecho tiene mucho que ver con la dignidad en algunos casos. En el caso del aborto, esta dignidad de la mujer por mantener su propia salud está tenida en cuenta por los gobiernos que legislan a favor de ella. El problema es qué entendemos por dignidad. Si la mujer es digna entonces tiene que poder decidir sobre su cuerpo. En eso estamos todos de acuerdo. 
Aquí ocurre algo que no siempre se tiene en cuenta… 
¡Ya han ganado el debate los antiabortistas! 
(Y eso que ser “antiabortista” es casi una imposibilidad práctica -pues el aborto es imparable-).
Los antiabortistas legislan sobre un cuerpo mientras que las mujeres rehacen el debate hablando sobre su cuerpo. La dignidad de “mi cuerpo” no es otra cosa que “mi dignidad”. El derecho a decidir sobre mi cuerpo o sobre mi vientre es una duplicación innecesaria. Si aplicamos la navaja de Ockham entonces tenemos que deshacernos de esa concepción de propiedad.

Tu cuerpo no es tuyo, querida, ¡tu cuerpo eres tú!

Y cuando aceptamos que no somos otra cosa que nuestro cuerpo, cuando hacemos oídos sordos a esas teorías antropológicas (de las que he hablado al inicio) que dicen que somos cuerpo, alma y espíritu… entonces ya hemos comenzado a ganar el debate. Las primeras concesiones que hay que dejar de hacer a esos ideólogos del cristianismo son sobre los campos fundamentales: ontología, antropología, epistemología… Si entramos en su campo lingüístico estamos aceptando la mayor (es decir, que nosotras, como mujeres, somos propietarias de un cuerpo). El debate se pierde, entonces, en disquisiciones sobre hasta qué punto tengo yo derecho sobre mi cuerpo o es mi cuerpo agente reproductivo del estado, o derecho del padre por ser una propiedad, etcétera.
No, no hagáis concesiones. El problema de entrar en su juego es que no estaréis nunca en condiciones de igualdad.
El debate sobre el derecho a abortar, por tanto, está fuera de lugar, al igual que el derecho a comer carne o a hacerse vegetariano. Eso ya no es una cuestión de derecho, sino de elección dentro de las posibles opciones que el cuerpo ofrece.
Cuánto se adelantaría si hablásemos solo de cuerpo… si en nuestros debates no revolotease constantemente un pensamiento dualista y cristiano. Cuánto se adelantaría si, en vez de entrar a la gresca y ponerse a discutir con aquellos que se creen con la valentía suficiente como para decir a las mujeres lo que pueden o no hacer, se detuviese el debate a la primera mención de un ente indemostrable o de una mentira liberal que comenzó con Locke, a saber, que el cuerpo es propiedad de alguien…
Ya está, vale de teorías. 
¡Abortad si os sale del coño!
Un saludo.
Francisco Riveira.
En Logroño, 31 de julio de 2014.
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Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

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