Una audición inesperada

twittergoogle_plusrssyoutubetwittergoogle_plusrssyoutube
Ayer comenté que los turcos tienen una extraña facilidad para hacer amistades. O al menos eso me ha pasado con un turco en particular, que en menos de lo que canta un gallo ha hecho buenas migas conmigo.
Nos conocimos esperando al Shuttle que la Universidad del Bósforo pone a disposición de los alumnos para que vayan de un campus a otro (muchas veces coincide en el mismo horario de un alumno que hay asignaturas en un campus y otras en otro, asignaturas sucesivas).
Nos escuchó hablar y enseguida supo que éramos españoles. Nos preguntó lo típico: de dónde sois, qué estudiais, qué os gustó de Estambul para venir aquí… Y luego comenzamos a hablar de música. Yo le dije que había sido cantante en un grupo de hard rock y que me gustaría cantar en Estambul. La voz hay que cuidarla como a cualquier otra parte del cuerpo y las cuerdas vocales pierden entrenamiento si no las usas lo suficiente. 
Hace un mes que no canto. Solía cantar una hora diaria durante el verano y unas dos o tres horas durante el curso mientras el grupo de música se mantenía saludable. Yo les dije que me iba a ir a estudiar a Estambul y que, por tanto, iba a ser imposible seguir con ellos. No me comprometí a más y por suerte rompimos a tiempo. Además, tenía el examen de inglés, que a pesar de no suponerme un esfuerzo grandioso sí que fue una actividad a la que dediqué mucho tiempo cada día.
Pero la música siempre ha seguido en mi cabeza. El problema en Estambul es que para entrar en un grupo de música hay que saber un mínimo de turco (más que nada porque los del grupo solo hablarían ese idioma entre ellos) y, por tanto, habría que comprometerse a algo más duradero que tan solo un año. Así que no fui capaz de concebir ningún plan para entrenar mi voz sin molestar a los vecinos o a mis compañeros de piso (alquilar un local para mí quedaba descartado).
Pues bien, este chico (Mert) me comentó que había hecho unas audiciones para el club de música de la Universidad. Me dijo, también, que las últimas audiciones iban a ser hoy, día 1 de octubre, y que podía probar suerte si quería. El asunto es que en Turquía desde hoy hasta el próximo miércoles es fiesta religiosa nacional (Bayram) y todo el mundo se va de Estambul (o vuelve, según el caso). Nosotros teníamos pensado coger un avión, tren o bus hacia alguna parte y esta mañana a las once decidimos coger las últimas plazas de un autobús directo a Antalya. Antalya es una ciudad costera al sur de Turquía que está como a mil kilómetros de Estambul. En el preciso momento en que estoy escribiendo esto estamos en el autobús yendo hacia allí (y, como el autobús tiene Internet, podré publicar sin problemas este post).
Por eso no sabía si iba a ser capaz de asistir a las audiciones. Hoy tenía clase hasta las cinco y a las cinco menos cuarto me dijeron que tenía que estar en el club de música para inscribirme a las audiciones. Menos mal que iba “de la mano” de un turco porque si no no me hubiese enterado y aún estaría esperando en la fila para que me hiciesen la prueba.
Pasé dos horas esperando, hablando con Mert, con una alemana (que había vivido en Quito durante un año y hablaba un español impresionante) y con gente de la organización. 
Mientras esperábamos para hacer la prueba (casting, audición…) había gente que en corros se había reunido para el warm-up vocal. Yo intentaba cantar de vez en cuando para ir acostumbrando a mi voz a la prueba que iba a tener minutos más tarde. Como hacía, además, tiempo que no cantaba a viva voz, temía que me pudiese salir algún gallo o algún raspado no bienvenido. Tras dos horas llegó mi turno.
Entré en el club, un club con una mini-sala de teatro, un estudio del tamaño de radio y luego otra habitación más grande que parecía un salón de reuniones. Yo entré a esta última habitación. En las otras dos estaba gente de todos los colores y géneros siendo probada para entrar a formar parte de estos coros y orquestas. Yo había aplicado para el coro de rock, puesto que es mi “especialidad”. Delante mío había gente bastante normalita (en el sentido de vestimenta) y muy simpática. La simpatía nunca falta en Turquía, y yo aprendí que desde el primer día hay que sonreír y estar abierto a cualquier persona nueva. En este caso estábamos compitiendo entre nosotros y aún continuaba la amabilidad.
Soy de los que odian esos programas del tipo Operación Triunfo, o la Voz. Me parece que el arte no es para competir y, para mí, el canto es un arte. Tengo un amigo que estudia ballet en Orlando, Estados Unidos, y siempre ha tenido que soportar una presión enorme al estar en competición directa con sus compañeros y gente de otras compañías de ballet. Yo, desde que me metí al mundo musical (amateur) me prometí que nunca convertiría ese hobbie en una competición. Pues bien, hoy ha sido mi primera vez siendo infiel a esa antigua promesa.
Así que entré y después de todas las cortesías (llevaba tanto tiempo de pie que me apeteció sentarme, pero me mantuve en pie porque canto mejor de pie -el diafragma no está oprimido y recibo más aire-, además de poder gesticular con más teatralidad. El canto también es teatro y procuré hacer muestra de mi altura y de mi entrenado desparpajo (yo no soy así, yo me he hecho así, y no soy, ni de lejos, un cantante con talento natural).
La primera prueba consistió en seguir una nota. Ellos me daban la nota con el piano y yo la intentaba imitar. En esa prueba consiguen encajarte en uno u otro rango vocal. Yo encajé en el de tenor. Podrían haber seguido tocando teclas en el piano más a la derecha y habría sido capaz de dar los tonos con mi voz de cabeza, pero no era cuestión: lo primero que se pierde después de un mes sin cantar ni un poquito es la voz de cabeza.
Ya sabiendo lo obvio (que soy tenor) comenzó la siguiente prueba: daban dos notas una seguida de otra y yo tenía que cantarlas dando el tono. En esta prueba sentí alguna dificultad en las notas más graves. Esa es mi carencia vocal: los graves. Y mi oído musical no estaba entrenado lo suficientemente como para hacer correctamente esa prueba.
La tercera prueba fue la más complicada. Tocando un acorde en el piano (tres notas al mismo tiempo) yo tenía que ser capaz de descifrar vocalmente las tres notas dadas. De nuevo tuve bastantes problemas para dar la nota más grave y tuve bastante éxito en las notas más agudas.
Después de esto pensé que la prueba se iba a acabar así que comencé a darles las gracias… Pero me dijeron: canta algo a capella.
Tenía varias canciones preparadas pero sobre todo había dos (una balada y una canción de rock) que quería mostrar por si acaso me las pedían.
La balada era “Ante tus ojos” de Zenobia, una de las canciones más bonitas que se han hecho en España (además, el grupo es riojano). Canté la primera estrofa y llegué a la voz de cabeza previa al estribillo. No sé si canté el estribillo.
Cuando comencé a cantar esa canción, aun siendo en español, vi cómo los que me estaban probando se sorprendieron. No esperaban ni una canción romántica (tono romántico) ni tan potente (con volumen de sonido, me refiero). Yo me limité a “cerrar” en algunos puntos la voz, en respirar bien y en dejarme llevar por lo que me apetecía hacer en ese momento. Hubo un instante en que incluso disfruté por volver a cantar. Así que aunque no me elijan quizá busque la manera de cantar por mi cuenta y es que es algo que me hace sentir muy bien.
Luego canté A Kind of Magic y ahí me gané al que estaba haciéndome la prueba. Una canción como esta, a capella, es algo difícil de plasmar correctamente… hay muchos silencios y hay un coro (Roger Taylor) que a cada rato va diciendo caso susurrando “It’s a kind of magic…” ¡así que no sólo se alegraron de que comenzase esa canción sino que me hicieron los coros! Terminé la canción antes de llegar al estribillo. Es una buena canción para una audición porque es progresiva. Cada vez se imprime más potencia a la voz. En un momento dado llegué a mi tope agudo (the bell that rings…!) y ya supe que ese era el momento de dejar la canción y marcharme con el listón (a mi parecer) algo alto. Estoy seguro de que al menos causé una buena impresión por mi atrevimiento.
Y esa es mi primera experiencia en una audición. Además fue en inglés. Por suerte ya entendía los términos en inglés referidos a tono, octava, nota, etc… Los que me hicieron la prueba hablaban inglés perfectamente y no será un problema para ellos que sea un estudiante Erasmus: we just want to have fun.
Esta ha sido mi experiencia en una audición. Sabremos si hemos sido aceptados en unos pocos días y bien… después de ver cuánta más gente había ahí aparte de mí aunque sea por cuestión numérica no sé si tengo muchas oportunidades de entrar. Al menos me lo he pasado bien y considero que si no lo hubiese intentado ahora estaría arrepintiéndome.
Gracias por leer.
Un saludo.
Francisco Riveira
De camino a Antalya, Turquía.
Facebooktwittergoogle_plusmailFacebooktwittergoogle_plusmail

Sobre el autor Ver todos los posts

Francisco Riveira

Graduado en Filosofía. Investigador predoctoral en Filosofía y Retórica de la Ciencia.

Berlín, Alemania

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *